Bajo presión nuestro cerebro cae en una trampa paradójica: el sistema límbico activa el envío de sangre a los músculos y la producción de hormonas, para atacar o huir; dejando en segundo plano al córtex. Una estrategia claramente errónea ante retos que requieran más inteligencia que fuerza.
El torrente bioquímico arrastra conductas alteradas y categorizaciones mentales extremas, que elevan la fuerza del tsunami:

(todo / siempre / nunca / nada / a otros / a )

·   Todo-Nada: Cegados en su perspectiva, los lóbulos prefrontales contemplan la dificultad como abrumadora totalidad, con un aterrador vacío de solución inmediata. La visión es catastrófica y el obstáculo se convierte en un problema irresoluble.
·   Siempre-Nunca: Importa y mucho la intensidad del dolor que padezcamos pero más aún su duración. Tener un problema inmenso -que afecta a todo- es muy grave; pero empeora al percibirse como eterno y con una salida que, si existe, jamás llegará.
·   Otros-yo: ¿Puede empeorarse el cuadro aún más? Sí, con la autoinculpación. Pobre del que se hiper-responsabiliza de todo. Por lejos que vaya, y tiempo que pase, su dolor le consumirá: ¡todo, siempre, me sale mal! o ¡nada, nunca, me sale bien!
Estas tres categorías mentales –Amplitud, Permanencia y Personalización- aumentan la fuerza de la amenaza hasta caer en el desánimo,  lo que nos lleva ante las puertas del Infierno en cuyo dintel Dante leyó: “Abandonad, los que entráis, toda esperanza”. Cerrada la visión y encerrados en nosotros mismos, el olvido de talentos y experiencias positivas genera un anulador sentimiento de desamparo e indefensión.
Como en todo tsunami, las aguas deberían volver a su cauce si no lo impedimos nosotros; porque a falta de problemas reales el estado mental negativo perpetúa el autosabotaje inicial, conduciéndonos al estrés crónico y finalmente a la depresión.
Recuperar el equilibrio no es la meta, sino el punto de partida. Para recuperar perspectiva, talento y confianza, hemos de desarmar al cerebro límbico y restaurar el control del córtex. ¿Cómo? No te pares, no ataques, no huyas. Respira, relájate, sonríe, pide ayuda y trabaja duro, pensando: 
A mí, siempre, todo me sale bien.





                                                                                                                                                                 

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Te salvarás por los pelos.





Limpia el establo dentro de ti m-ismo.

¡Reiníciate! y empieza de cero otra vez.



Deja que los muertos entierren a sus muertos.




Desea no desear, para valorar mejor lo que eres y lo que tienes.



 
Play again: la Bolsa o la Vida.

Seamos serios, eligiendo una fuente equilibrada y realista de pensamiento.




No ganes ni gastes más de lo realmente necesario para gozar de la vida.



 

No vivas para trabajar, ni trabajes para vivir. ¡Vive tu trabajo!


 



¡No juegues con las palabras!


 



A grandes males, pequeños remedios.




Si evitas la primera vez, evitas todas.




Obsequia tu entusiasmo a quienes te rodean y allí estará cuando lo necesites.




La Humanidad avanza mucho con pocos sabios y poco con muchos “expertos”.




No juzgues y no serás juzgado.




Afortunado el que sabe, de verdad y a tiempo, quienes son amigos y enemigos.

 

La mayor parte de mis buenas ideas, las ha tenido mi mujer.




Ya descansaremos, ya, bajo las malvas.





No pasa nada. Es el precio a pagar al demonio.




Se astuto, se un cordero con piel de lobo.




Mejora tus situaciones, relaciones y actitudes.





Disfrutar más trabajando, que sin trabajar.




41- Reflexionando
Lo que no soportamos en los demás, es nuestro peor defecto.




Proyecta tu felicidad y haz, de la película de tu vida, una vida de película.




Cada vez que alguien piensa de ti: “éste es de los míos”, tu conquistas Troya.




Cuando son los caballos los que han trabajado, el cochero recibe la propina.




¿Cuál es tu estrategia de tiburón?



Carecer de algunas de las cosas que uno desea es condición indispensable de la felicidad.


No esperes a que otros hagan tu parte, ¡hazla tú!




34-Tempus figit-carpe diem
Tu tiempo se escapa, aprovecha el día




Todo nuestro razonamiento se reduce a ceder al sentimiento.




Aporta un 10% más de lo que crees justo y lo serás.




Las cosas nunca serán como quieres, ¡aprende a quererlas como son!

Sólo nos queda confiar en los humoristas: inteligentes que fingen se estúpidos.




Un bobo emboba a cientos, si le dan lugar y tiempo.





No tengas miedo a perder algo bueno, o algo bueno de verdad perderás.


Evita conductas que arruinen tu imagen y justificaciones que te impidan mejorar.



Si no puedes –que no vas a poder- con él (con tu jefe)… únetelo.





La mayoría calla y asiente, pero empezará a marcar distancias para siempre.




No facilites con tu engaño su traición




Intenta descubrir, tras el defecto, la virtud.



Para ganar un dinero extraordinario, tienes que hacer o tener algo extraordinario.


Si tus creencias te ofenden, ¡arráncatelas!




El que se enfada… pierde.




El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.

A los corderos nada les protegerá de ser sacrificados por los lobos.




Trabaja con indicadores, no con suposiciones.





¿Quieres que hables bien de ti? No hables bien de ti mismo.




No esperes aprender a cultivar perlas de sabiduría en la escuela.




Se puede aprender a “cargar pilas” y salir de la rueda emocional negativa.



   

Estate más atento a la corrección de tus actos, que pendiente de los de los demás.





Mejor beber un buen trago de cicuta, que comulgar con las ruedas de molino de unas palabras trucadas.




En tus soluciones están tus problemas.





Creer lo que deseamos, sin crearlo realmente, siempre resultó muy caro.


 
Asume el lado malo de lo bueno.

Éxito, felicidad y modestia despiertan el respeto e impulsan la imitación de conductas.




¡Cómprate un acuario e instálate en él!




Valiente es quien sabe que no corre peligro.

Actúa como si tuvieras una cualidad y, al final, la tendrás.




El agradecido merece lo recibido y merece recibir más.





La persona más peligrosa, la envidiosa.



 
Procura controlar tus pensamientos pero, sobre todo, ¡no sufras por ellos!




Quien no vive para servir, no sirve para vivir.